Mi vida de delincuente comenzó cuando iba al colegio, ahí comencé a robar los lápices, gomas, cuadernos, etcétera, siendo después adolescente en el pasaje nos “enseñaban” a robar; si lo hacíamos mal nos castigaban los mayores, debíamos ser “perfectos”. La verdad es que yo nunca quise ser delincuente, quería vivir una vida feliz, normal; pero no se pudo, por ejemplo días en que no había para comer y junto con mis hermanos, nos íbamos debajo de un puente a esperar que el camión de la basura tirara las bolsas, para nosotros después lanzarnos sobre ellas buscando comida; encontrábamos pollo, choclo y pan, cuando éste estaba verde nos hacíamos un rallador con unas latas de café y le sacábamos el moho y comíamos lo que quedaba del pan, cuando ya se acababa la comida y nos volvía el hambre, teníamos que robar nuevamente.

Ahora siendo ya un hombre adulto doy gracias a mi Dios por haberme librado de esa vida que llevaba, dice el Salmo 103:4 El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y  misericordias”, ese verso de la Palabra de Dios se hizo realidad en mí. El día 25 de octubre de 1985  a las 3:10 de la madrugada ocurre un hecho que hará que mi vida dé un giro de 180 grados…

Ruego a Dios que este testimonio bendiga tu vida y te haga acercarte más a Cristo, ese es mi deseo ya que soy un fiel testigo de que Jesús es real.

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